7/4/11

Anhelo de Comprensión


 La imaginación del hombre no tiene límites





 Anhelo de Comprensión

Su infortunio comenzó en una noche tormentosa. Nació sin boca. Sus manos y pies no tenían dedos. Su cuerpo entero carecía de movilidad salvo el talón derecho. El doctor les dijo a los padres que esto no era trascendental ya que sin movilidad en las piernas no podría hacer ningún tipo de dibujo con el pie. De nada servíale moverlo de arriba hacia abajo. Sabiendo esto, los padres lo abandonaron. Lo dejaron en un callejón conocido solo por ellos dos, ningún otro humano sabía de él. Pero un perro que sí conocía este sitio solitario pasó por allí, cuando ya el bebe estaba famélico. Como buen perro olfateó un olor distinto que nunca había olido en ese lugar y sigilosamente se acercó al bulto que divisaba en el suelo entre la obscuridad. Ni bien lo vio supo que estaba entre un igual, alguien que como él, no podría comunicarse nunca del todo con un ser humano; alguien desgraciado. Y lo ayudó. Agarrandole con los dientes de la ropa, lo arrastró fuera de ese antro. Lo llevó a un lugar que sabía que era para dejar a los niños. Solía ver en sus vagabundeos nocturnos, gente encapuchada que a la puerta del edificio en el que se encontraba, dejaba a los pies de la puerta hijos no queridos. Como furtivamente llegaban, furtivamente se iban. Así fue entonces como supo donde dejarlo. Lo soltó en la entrada y arañando la puerta y ladrando como bien sabía hacer, logró que una mujer le abriese preguntándose porqué tanto alboroto. Ni bien abierta la puerta, el perro salió corriendo y no se supo nunca mas nada de el. La mujer no divisó al perro y acostumbrada a este tipo de cosas apenas miró al niño e ingresó en el edificio. Pero ya adentro y con la luz de las lámparas se fijó por primera vez en él. Su sorpresa no pudo ser mayor al ver que no tenía boca. Indagando mas descubrió que carecía también de dedos y que no tenía movilidad salvo por un imperceptible balanceo del talón. Lloró. Su corazón se estremeció ante semejante crueldad de la naturaleza y lo amó como si fuese su hijo. Elevó una plegaria a un ser divino, que si este existe, nunca escuchó. Inmediatamente conferenció con las demás mujeres a cargo del orfanato y juntas se preguntaron como harían para comprender a tan pobre criatura. Y fue esta criatura quien les ayudo a saber, ya que comenzó a llorar de hambre. Le trajeron un suero del que disponían ya que el orfanato era un complejo abastecido de la asistencia médica elemental y por vía intravenosa lo alimentaron. Sin hambre ya, dejó de llorar. Una avispada mujer entonces planteó “si quiere o necesita algo él llorara y si no le gusta también. Así lo entenderemos, las lágrimas serán su boca” Y todas estuvieron de acuerdo.
Pasado el tiempo y creciendo el niño, decidieron que debería aprender a moverse por sí mismo. Le confeccionaron una silla de ruedas en el que su talón fuese el volante. Su pie se apoyaba en una especie de palanca. Si lo dejaba apoyado, la silla aceleraba y se movía hacia delante, en cambio si movía el talón hacia arriba y dejaba de tocar el aparato, éste cesaba de moverse. Algo ingenioso fue idear que, si bajaba dos veces la palanca con el pie, la silla se movía gradualmente hacia la derecha y si lo hacía tres veces ésta giraba hacia el sentido contrario. Con este artilugio Desgraciado aprendió a moverse.
Pasó el tiempo y con él llegó más tristeza. Tuvo que ser separado de los demás ya que muchos niños lo cargaban aunque las cuidadoras insistían en que no lo hiciesen. Una vez lo empujaron y cayó de su silla de ruedas, lastimándose dolorosamente las rodillas. Derramó lágrimas  hasta que lo volvieron a poner en ella y lo aislaron de los demás. Las mujeres empezaron a enseñarle cosas, tales como el lenguaje, números  y demás, pero no sabían si las comprendía o no. Y lo cierto es que sí lo hacía. Era tal la crueldad de su existencia, que el niño había sido dotado de una inteligencia sin parangón y una comprensión de la realidad y la belleza como ningún otro. Sus ojos y oídos sentían el doble que los de un ser humano normal y su piel era más sensible que cualquier otra. Aún peor, su salud era tan buena que pudo sobrevivir años a base de suero.
 Pronto se fascinó por el arte, la literatura, la música y el saber. Sólo había un dilema que no entendía y era el porqué de ser distinto a los demás. Él quería hacerles saber a sus protectoras que entendía todo y que la música le conmovía el alma. Quería poder participar en las conversaciones y dar su opinión. Quería hacerse comprender, pero ellas no entendían. Una vez pasó que le estaban leyendo una historia de amor mientras le administraban comida mediante suero y llegada la parte del beso entre los enamorados, comenzó a llorar. Lloraba de amargura, sabiendo que él jamás sería amado así y que nunca podría sentir el calor de los labios posados en los de uno. Las mujeres claro esta no entendían esto, creyeron que no quería que le leyesen y a partir de entonces nunca más lo hicieron. A veces le hacían preguntas y él se movía hacia delante y atrás para afirmar y para los costados para negar, mas no siempre le formulaban las preguntas correctas.
Sólo la ya vieja mujer que lo recogió lo entendía. Hasta cierto punto. Cuando Desgraciado se puso a llorar de lo magnifico que era un cuadro que le había traído una muchacha novata para animarlo, ésta creyó que no le gustaba y se apresuró a llevárselo de la habitación. Él siguió llorando, sin poder emitir sonido alguno pero esta vez de frustración ya que no era eso lo que el quería y la vieja que lo había visto todo sentada en su acostumbrado sitio junto a la cama de él, mandó a llamar a la señorita sabiendo que éste simplemente lloraba de lo bello que era la obra de arte. Pero ni siquiera esto le servía de consuelo a él.  Desgraciado creía erróneamente que todos se entendían del todo mutuamente, pero que él jamás sería comprendido ni un poquito por nadie.
Cuando tomó plena conciencia de su situación y que jamás le serviría de algo sus capacidades ya que nunca sería sabido de lo que era capaz, dejó de interesarle todo lo otro y empezó a interesarle otra cosa, morir. Las mujeres notaron un cambio en él, ya que cuando intentaban inyectarlo para alimentario se movía para todos lados, rehuyendolas. Mas ninguna entendía el porqué. Así transcurrieron los años para Desgraciado, obligado a nutrirse, hasta que perdió toda esperanza y fue ahí cuando su salvadora lo entendió. Él ya ni se movía, no prestaba atención a ningún estímulo externo. Ella había barajado todas las posibilidades. Si entendía o no lo que le explicaban. Y si entendía ¿Qué querría? Pero ahora se daba cuenta que no anhelaba nada, era como si estuviese muerto en vida. Entonces supo ella que él quería morir.
Estuvo presente en su habitual alimentación y cuando la doctora del lugar los dejó solos, le dijo que si quería morir que llorase y ella lo mataría. Él lloró como nunca, para que vea que era eso lo que ansiaba. Mas cuando ella llorando también, acercó la jeringa a su antebrazo para salvarlo de una vez por todas, él ya no lloraba para hacerse entender. Lloraba de felicidad porque antes de morir, al fin, lo habían comprendido.

Fin
Autor: Maximiliano Patricio Ranieri

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Deje su opinión